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El placer de viajar: conocer a los orangutanes en Borneo

Uno de los mayores placeres de viajar es descubrir cosas nuevas y, sobre todo, experimentar sensaciones nuevas. Una de las más bonitas que he podido vivir ha sido observar a los «hombres del bosque», traducción literal del término malayo orang hutan.

  • ¿Dónde podemos vivir esta experiencia?

Yo os contaré mi experiencia en la parte indonesia de Borneo (Kalimantan), pero también se pueden ver en zonas de Malasia, por ejemplo.

El parque de Tanjung Puting es un lugar ideal para disfrutar de estos maravillosos animales. Para llegar hasta él, primero hay que volar hasta el aeropuerto de Pangkalanbuun (PKN), a donde hay vuelos directos desde Yakarta, por ejemplo. Eso sí, si no recuerdo mal, ninguna de las aerolíneas que vuelan allí cumplen las normas de seguridad de la UE.

El aeropuerto en sí es poco más que un galpón. Si habéis contratado una excursión con antelación, probablemente el guía os esté esperando a la salida. Si no, es muy probable que podáis contratar la excursión allí mismo, puesto que hay muchos agentes esperando a los pasajeros para ofrecerles el crucero.

Yo viajaba sola, así que preferí llevarla organizada desde España con una agencia indonesia y no arriesgarme a quedarme sin plazas. Lo ideal, aunque no siempre fácil, sería contactar directamente con un guía de allí. Suelen tener acuerdos con determinados barcos y te organizan el recorrido sin problemas.

A la hora de escoger una excursión, lo primero es decidir la duración. Yo opté por la más corta (3 días y 2 noches) y me pareció suficiente, pero muchas agencias ofrecen una noche más e incluso versiones mucho más prolongadas que permiten explorar el terreno a fondo. El precio varía en función del número de personas, de la calidad del barco y de la duración, entre otras cosas. En mi caso, viajando yo sola en un barco, me salió en torno a 460 euros (incluye todas las comidas, guía, traslados al/desde el aeropuerto, entradas a los parques, etc.).

Cuando llegué al aeropuerto (bien temprano para aprovechar el día), el guía me estaba esperando y me acompañó en coche hasta el muelle de embarque. Bueno, muelle, muelle…. más bien una pasarela de tablas desvencijadas donde estaban amarrados varios klotok. ¿Que qué es eso? Así llaman a los barcos tradicionales que navegan por el río, apodados de este modo por el ruido rítmico que hace el motor: klot, klot, klot…

  • Cuando el klotok se pone en marcha…

klotok_entrando_alt…y se adentra por el río, entre la selva, ¡resulta tan emocionante! Sabes que por esas aguas nadan cocodrilos. Sabes que entre los árboles merodean diversas especies de primates. Oyes sonidos de aves de todo tipo entre la maleza… Y vas mirando hacia todos los lados, intentando detectar movimiento y ver algo.

A orillas del río puedes avistar muchos pájaros de todo tipo, monos narigudos (¡son graciosísimos!), macacos… y, si tienes suerte, hasta algún cocodrilo en el agua, aunque el ruido del barco los suele espantar. Eso sí, aunque no los veas, no te bañes, ¡que haberlos haylos!

Al cabo de un rato, los barcos empiezan a juntarse y a parar junto al río, y empiezas a ver gente. Yo fui en junio y tan solo había un puñado de personas, porque todavía no había empezado la temporada alta. Una época, creo, ideal. Al bajar del klotok hay una pasarela de madera que te permite adentrarte hacia los centros de conservación y llegar hasta las plataformas donde dan de comer a los orangutanes.

En estos centros acogen a orangutanes que han sido rescatados, por ejemplo de desalmados que los enjaulan como mascotas, o que han tenido que desplazarse por incendios u otros desastres naturales (o artificiales).

Yo no sé lo que me imaginaba antes de ir…. pero desde luego, lo que vi (y viví) superó todas mis expectativas.

  • El momento de la verdad

orangutan_plataforma_alt El guía te acompaña hasta unos bancos que hay frente a una plataforma de madera, como si de un escenario se tratase. Una finísima cuerda, a poco más de un metro de altura, marca el límite. Y ahí esperas, impaciente, hasta que los guardabosques traen cestos de plátanos, maíz y otros manjares, y los vierten sobre la plataforma.

Al cabo de un rato oyes el sonido de las ramas moviéndose. No, no es el viento. Son orangutanes que se aproximan, saltando de rama en rama, a comer. Vienen de todos lados, sin verjas, sin rejas, sin límites. Pero no bajan a coger la comida… solo se posicionan en los árboles más cercanos, están esperando su turno.

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Entonces, empiezas a oír exclamaciones de la gente, que se aparta a un lado y abre camino para el rey de la zona. Un bicho enorme, impresionante por su tamaño y por su forma de moverse. Todo poderío. Y pasa a tu lado, como si de una persona más se tratase. Y tú, por un momento, ¡quieres echar a correr!

El protocolo dicta que él comerá primero. ¡Y pobre del que no se aguante el hambre! Ahí donde lo veis, lo he visto perseguir a un macho que osó acercarse y trepa a una velocidad de espanto. Eso sí, con las hembras con crías es más permisivo…

Y allí subido sobre la plataforma le ves comer, controlar el terreno, atento a cualquier orangután que se acerque. Es un animal realmente expresivo. Después, se irán subiendo otros (u otras). Algunos, tímidos, se aproximan y cogen todos los plátanos que pueden para llevárselos corriendo a los árboles. Otros miran curiosos a los espectadores.

Es realmente increíble observarlos por los árboles, saltando de rama en rama como malabaristas. ¿Cómo es posible que no las rompan? Parece arte de magia. Un verdadero espectáculo.

El recorrido después sigue río arriba, paras en otros centros, disfrutas de los ruidos de la noche en medio del río y de la serlva, y tienes la ocasión de vivir muchos otros momentos mágicos. Ver cómo una cría aprende a saltar de rama en rama. Cruzarte con algún orangután en la pasarela del barco, a menos de un metro de distancia. Fascinarte al ver cómo saltan de rama en rama. Entristecerte al pensar lo mal que los cuidamos…

  • Broche de oro

En el barco se duerme en la cubierta, en un colchón colocado sobre el suelo y protegido con una mosquitera. Si el tiempo lo permite, y el guía te concede el capricho, la última noche puede ser aún más mágica que la anterior: hay puntos a lo largo del río plagados de luciérnagas. Todo un espectáculo verlas brillar entre la vegetación, a tu lado. Sin duda, el broche de oro.

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¿Os gustaría conocerles?

M.

 

Fotos: todas propias, ¡espero que os gusten!

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